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  • Ana Sofía M.

Querido 2023 – Carta para cerrar el año.

Como ya es tradición, le escribo una carta al año que se va para poder despedirlo como se debe. Llevo 4 años haciéndolo y me gusta regresar a las anteriores para ver dónde estaba parada el año anterior. Aquí está la del año pasado y aquí comienza la de este 2023:

Si algo fui este año, fue valiente. Empecé de nuevo una, dos y varias veces más. Comencé el año con tanto miedo que hasta mi cuerpo se enfermaba pensando que me estaba ayudando. Muy pronto se daría cuenta que el viaje más importante de nuestras vidas estaba a punto de comentar.


Para finales de enero, ya estaba montada en un avión en camino al otro lado del mundo. A llamarle "hogar" a una ciudad con la que había soñado hace años: Copenhague. Recuerdo que cuando era más chica, en algún libro leí el nombre de esa ciudad y sin tener ninguna razón lógica, dije que iba a vivir en esa ciudad. Tal vez el nombre me pareció chistoso cuando tenía 10, pero no estaba nada equivocada.

Me fui de intercambio y terminé en una ciudad donde no había nada que no fuera perfecto. Conocí a las personas que hicieron de esa experiencia, la más única de todas. Disfruté del invierno y del verano danés. Viaje y viaje, como si la vida no me alcanzara para visitar todos los lugares que quiero. Tomé más de 15 aviones. Visité 12 países. Mis papilas gustativas volvieron a sentirse vivas. La arquitectura de ciertos lugares me sacó lagrimas de la alegría. No me dolieron los pies de tanto bailar, no hubo ni una noche donde estuviera tan cansada como para quererme ir a casa temprano. Superé más miedos de los que creí que iba a ser capaz. Me reí hasta que el dolor de panza me impedía seguir pedaleando en la bicicleta. Viajé sola y lo disfrute, con todo y las áreas de oportunidad que encontré. Nunca me habían salido tantas pecas, ni disfrutado tanto de nadar en agua helada.


Esos 7 meses fueron tan mágicos que a veces me da miedo que nada se vuelva a sentir igual de bien pero es el precio que estoy dispuesta a pagar por haber sido tan feliz. Como vivo de recuerdos, y la nostalgia y yo tenemos una relación complicada, hice el ejercicio de resumir mis meses en carretes de 10 fotos para poder regresar en el tiempo y volver a vivir a través de los recuerdos. Aquí están los primeros 7 del año.



De nuevo mi año se vió divido en 2. Los semestres universitarios siguen dictando los ritmos de mi vida. No es queja porque eso está por terminarse y también me da nostalgia.


Regresar a México se sintió mucho menos pesado de lo que esperaba.



Siguieron llegando a mi vida personas nuevas que no quiero que se vayan. Volví a disfrutar de todo lo que la CDMX tiene que ofrecerme. Me mudé, una vez más. Hubo cambios hasta en mi trabajo. Disfruté de la vida universitaria. Vencí muchos miedos que pensé que nunca iba lograr como manejar por toda la CDMX. Ahora nadie me frena. Voy con todo y mis miedos pero voy. Para quienes me conocen bien saben que este era uno de los grandes miedos completamente irracionales con los que vivía y que me hacían sentir una inseguridad profunda. Ya vamos sintiendo que la fobia está siendo superada.



Comí todo lo que sentí que me faltó. Regresé a la bonita costumbre de pasar mis fines de semana buscando nuevos lugares que probar. Me mantuve ocupadísima con nuevos retos y eventos. No me supe quedar quieta. Nunca he sabido cómo. Me enojé. Seguí (y sigo) aprendiendo abrazar lo que siento. Me seguí rompiendo el corazón un poquito pero ciertas situaciones me dieron lo que necesitaba para que ese dolor no fuera protagonista. Me desvelé. Sigo haciendo las paces con que las cosas nunca son personales por más que así se sientan en ciertos momentos. Hice muchas cosas por primera vez. Dejé de insistir en encajar en lugares que claramente no son para mí. Me divertí. Me reí. Volví a tener un lugar que se siente como casa y me di cuenta que todo es resultado de enfocarme en crear la vida con la que tanto soñaba.


Si tuviera que resumir como se vió cada mes, fue algo así:



Caminé, todo el año caminé kilómetros y kilómetros para despejar mi mente. Para llegar a lugares nuevos, alcanzar a la personas que amo o ir conmigo misma.


Tomé fotos digitales y mentales, para que no se me fuera ni un segundo de todos los que viví. Fui muy feliz, profundamente feliz.


Todo lo volvería a hacer igual. No me quedé con ganas de nada, ni arrepentimientos de haber intentando algo y que no fuera lo que esperaba.


Así que gracias, 2023 por haber cuidado tanto de mis sueños, por haber sido el espacio para que los hiciera realidad y por enseñarme todo lo que necesitaba para disfrutar de cada segundo.


Con amor,









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