• Ana Sofía M.

¿Maldita o bendita cuarentena?



Es curiosos que nadie en el mundo se imaginaba vivir una pandemia que nos forzara a todos a quedarnos en nuestras casas para cuidar de nuestra vida y de la vida de las personas que nos rodean. Es como si fuera una de esas pésimas películas de suspenso excepto que esta vez, es real. Estos momentos están siendo críticos para muchas personas, provocando incertidumbre en sus negocios, ingresos y su familia, pero para otros también está siendo la oportunidad que tanto necesitaban para desacelerar, regresar a casa y replantearse muchas cosas.


Es bien interesante todo lo que quedarnos en casa nos puede enseñar. Hemos tenido que encontrar nuevas soluciones para seguir con nuestras actividades, pero también pensar en todas esas personas que no tienen manera de quedarse en casa y continuar sobreviviendo.

Hemos tenido que pensar más en los demás, que es algo que no siempre tenemos la costumbre de hacer.


Creo que después de esto, no volveremos a ser los mismos. La manera en que vivimos, trabajamos, consumimos y contaminamos van a ser distintas. Ahora hay una mayor conciencia de lo valioso que es el tiempo y de lo mucho que lo desperdiciamos. Ahora vamos entender que no estamos solos en el universo y que nuestras decisiones también afectan a los demás, justamente porque todos estamos conectados. Vamos a apreciar lo fuerte que es la naturaleza y lo terrible que es que la estemos dañando. Ahora sí vamos a entender lo importante que es vivir el día a día y procurar nuestra felicidad, porque igual y llevas años trabajando en un lugar que ni te gusta esperando que eso cambie algún día y después llega una pandemia que te hace encerrarte y no poder continuar con ninguno de tus planes y te das cuenta que invertiste todo ese tiempo en un lugar donde no eras feliz. Porque tenemos un poco de esa pésima costumbre de futurear y dejar las cosas para después porque pensamos que tenemos el tiempo garantizado, cuando claramente, no es así.


Para mí, esta cuarentena ha sido una bendición más que una maldición y soy consciente de que puedo decir eso porque vivo desde un gran privilegio. Por varios días este mismo privilegio me hizo sentirme culpable de tener un trabajo que siempre he podido hacer desde casa, cuando otros no. También me sentí culpable por poder pasar este tiempo con mi familia en la comodidad de nuestra casa donde cada quien tiene su espacio, cuando otras personas están lejos de las personas que quieren o en lugares que los hacen sentirse claustrofóbicos. Pero ahora entiendo que mi culpa no va a ayudar a nadie y que no tengo porque sentirla. Al contrario, ahora más que nunca valoro lo que tengo y agradezco mucho este momento de la vida.


Sé que no todo el mundo puede decir lo mismo pero sí es un hecho que todos podemos hacer cosas para ayudar y ayudarnos a nosotros mismos. Así que con quedarme en casa, estoy poniendo mi granito de arena y también estoy aprovechando todo el tiempo adicional que tengo ahora para hacer las cosas que me apasionan y adoptar algunos hábitos nuevos que le han traído mucha paz a mi vida. Ya renuncié a leer todas las noticas que me mandan y a compartir más información que solo genera pánico. Mejor me voy a concentrar en todas las cosas increíbles que como seres estamos creando para sobrevivir esto. Así que bravo a todas las personas que están haciendo sus lives o están volviendo a hacer ejercicio o están conviviendo con su familia, o lo que sea que estén haciendo para pasar esto. Está bien.


Y por si no lo había notado, esta cuarentena me ha regresado el tiempo de escribir por aquí así que les dejo el último post que he escrito y ya saben que se vienen varios más.

(click aquí para el último post)

Con amor,

Ana Sofía.

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