• Ana Sofía M.

La inspiración llega a mí de noche, cuando nadie me escucha y cuando yo no puedo escuchar a nadie…

Aquí va otro escrito, de los que llegan de noche y sin avisar pero para todos los que necesiten leerlo.


La inspiración llega a mí de noche, cuando nadie me escucha y cuando yo no puedo escuchar a nadie. Como si la falta de luz despertara esa parte de mi mente que nunca se calla, esa que no te deja en paz hasta que le arranques los pensamientos, esa que solo necesita alguien que la escuche y le asegure que está todo en orden.


Esa inspiración y mente se agarran de la mano y una escucha todo lo que tiene que decir la otra. Se manifiestan a través de mis manos, las siento en mi estómago pero las escucho en mi cabeza. Hacen buena mancuerna, a mí me liberan. Me liberan de conversaciones interminables cuando lo único que necesita mi cuerpo es descansar un rato. Me liberan de tener tanto que decir y tan poco lugar para ser dicho.


Siempre voy a agradecerles porque termino viéndome en lo que conversan, termino leyéndome en lo que mis manos escriben, termino dejando ir una parte de mí que tiene que salir e irse a otra parte, aunque el recuerdo siempre queda y yo siempre tengo esto escrito para acordarme de qué parte era, de cómo se sentía, de qué necesitaba y de porqué era hora de dejarla ir.


Al final, solo son un conjunto de muchas memorias, que le dan paz a mi mente y que con los años, me reviven al releerlas, me transportan a donde estaba y me hacen acordarme de lo increíble que es evolucionar y seguir existiendo.


Con amor,

Ana Sofía.


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