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Carta #3 desde Ámsterdam: La incomodidad que no atraviesas, te espera siempre en la puerta para cuando regreses.

  • Foto del escritor: Ana Sofía M.
    Ana Sofía M.
  • hace 9 horas
  • 4 Min. de lectura

Esta carta les llega directo desde OBA Oosterdok, una biblioteca pública en el corazón de Ámsterdam. Me encanta escribir desde lugares así porque me he encontrado en Ámsterdam con que muchos lugares se están convirtiendo en “laptop-free” o “screen-free”.



Lo entiendo. Los lugares son diminutos. Apenas y caben dos mesas. No es sostenible tener a alguien ahí sentado por horas y que solo ordene un café. Entonces, en situaciones así, recurro a bibliotecas. Es algo que aprendí a buscar desde mi intercambio en Copenhague. Quienes han leído mis otras cartas saben que mi lugar favorito en el mundo es una biblioteca llamada “Black Diamond”. Pasé horas y horas ahí, escribiendo y trabajando con vista al mar y la ciudad.



Desde que descubrí que puedo hacerlo, trato de siempre buscar este tipo de lugares y aquí en Ámsterdam encontré dos. Una biblioteca pequeña cerca de donde me estoy quedando que me ha servido para cambiar de aires y salir a caminar, y esta otra desde donde les escribo. La de Oosterdok es gigante. Tiene miles de espacios y lugares que es muy probable que, si me pongo a explorarla, me pierda. Pero lo que hice fue llegar y sentarme en el primer lugar donde me encontré gente con laptops. Y aquí estoy, confesándoles que esta es una de mis últimas cartas desde esta ciudad porque me voy pronto. Esta vez no hubo extensiones de viaje, cambios de vuelos o planes inesperados.



Antes de llegar a la biblioteca pasé a Sango Café y, mientras me tomaba un filtrado de Etiopía (porque no he encontrado buen café por aquí), escribí en mi journal: “Estoy agradecida con la vida por permitirme vivir intensamente. Porque elijo una vida de aventuras y todo se acomoda para mí”. Y siento que ese es un buen resumen de este viaje. Me encantó esta ciudad. Me dio mucho más de lo que pensé. No me faltaron los planes, la comida, la compañía, nuevas amistades, reencuentros con viejas amistades. La exploré sola, pero también acompañada. Anduve en bici, pero también caminé por horas. El clima fue demasiado bueno para ser un invierno como este. Vi el sol mucho más de lo que esperaba y contadas fueron las veces que me tocó la lluvia.


Sentí todo. Todas las emociones que existen vivieron en mí en este mes y creo que eso es lo más importante de todo. Me acordé que soy capaz de vivir miles de cosas al mismo tiempo y que todo cabe en un mismo cuerpo. Todas las emociones y las dualidades de la vida caben en mí.



Y esa es una de las reflexiones más grandes que me llevo. Que en mí son bienvenidas todas las emociones y, aunque algunas se sientan terriblemente incómodas, la solución no ha sido salir corriendo, sino atravesarlas. Hay un episodio de Se Regalan Dudas que salió hace poco que habla sobre esto. La especialista habla sobre qué hacer cuando estás en el vacío de ciertas cosas, cuando te alcanza la incertidumbre y no sabes para qué lado vas porque los planes que tenías se cayeron. Y lo que ella dice es: siéntate y estate quieta con esa incomodidad, vamos a ver qué viene a decirte. Ya después habrá tiempo de actuar, de cambiar, de reflexionar, de sacar conclusiones basadas en lo que sea que ese silencio te haya dicho. Pero me queda claro que es a través de la incomodidad, no huyendo de ella. Porque siempre te alcanza.


Por lo menos a mí siempre me ha alcanzado o me espera en la puerta para cuando decido regresar de algún lado pensando que eso iba a solucionarla. Todas las veces que no he atravesado esa incomodidad, me espera en la puerta de mi casa, lista para cuando regrese de cualquier viaje que usé como excusa para escapar o pretender que algo no existía. Lista para que me dé cuenta de que no importa qué tan lejos vaya, lo que no atraviesas regresa contigo.


Así que esas son las dos reflexiones más grandes que tengo para esta carta: atravesar la incomodidad y aceptar que mientras lo haces todo un espectro de emociones puede habitar en ti.

Es raro pensar que elegí una vida donde tengo que irme al otro lado del mundo para descubrir estas cosas, pero no lo cambiaría. Me emociona saber que por vivir tan intensamente sigo unas ideas que me llevan a salirme de mi zona de confort por kilómetros, pero las recompensas que encuentro siempre son extraordinarias, aunque a veces vengan con un poquito de lágrimas, de risas, de personas nuevas, de amores que se transforman, de sueños que no funcionan o de cambios de planes.



Eso es todo lo que tengo. Aprovechando que ya estamos aquí, quiero contarles de algunos de los lugares que más me han gustado en Ámsterdam para que los guarden por si vienen de visita. De cualquier manera, haré una guía muy completa con detalles de todo, pero aquí un adelanto:


  • Cloud Café (para trabajar)

  • La Dilettante (bar de vinitos)

  • Atelier Más (panadería)

  • Bun Bun (el mejor bun de pistache de la vida)

  • Noordermarkt (para comer en fin de semana)

  • All the Luck in the World (tiendita)

  • Rosél (el mejor sándwich que he probado en mi vida)

  • Scandinavian Embassy (cardamom bun)

  • Men Impossible (plant-based restaurant)

  • Foam (museo de fotografía)

  • Box Sociaal (brunch y buen café)


Con esto me despido y no olviden dejar su mail aquí para que les lleguen mis guías completas de todo lo que recomiendo en Ámsterdam, porque hay miles de cosas que hacer aun cuando es invierno.


Con amor,

 
 
 

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