Carta 2 desde Ámsterdam: Lecciones aleatorias de una mente que no para.
- Ana Sofía M.

- hace 8 horas
- 4 Min. de lectura
Esta carta la escribo desde un café en el centro de Ámsterdam llamado Cloud. Está cerca de Las 9 Calles, esta zona llena de canales y vistas hermosas que no parecen reales para ser una ciudad. Estoy en una mesa larga, compartida con personas que andan turisteando, trabajando en sus laptops o simplemente huyendo del frío. Hoy salió un poco el sol, pero hay un viento que te congela absolutamente todo.

De camino acá me paré en todas las tienditas que me voy encontrando. Me encantaría tener espacio y dinero para llevarme todo para mi casita, pero por ahora entro imaginando que me lo llevo. Elijo las tazas, los cuadros, las alfombras que pondría. Hay de todo: diseño escandinavo, papelería japonesa, objetos que sé que no necesito pero que me dan ganas de tener porque me obsesiona su diseño. Es una ciudad trendy y no hay nada más estimulante para un alma creativa que eso. Extraño mis días estudiar diseño gráfico. Tenía una sensibilidad que me hacía fijarme en absolutamente en todo y estas tiendas me ayudan a conectar con eso.

Esta cafetería también es galería de arte. Hay una exhibición de corales y no puedo evitar pensar en lo mucho que extraño el mar y bucear. Ya habrá tiempo para eso durante el año. Me emociona ver qué planes haré, porque por ahora no tengo nada seguro…
Pero bueno, ese no es exactamente el punto de esta carta.
Lo que en realidad ha estado pasando es esto:

No he escrito tanto como me gustaría y eso me pasa cuando mi mente va a mil por hora, pero no logro aterrizar mis ideas en una sola cosa.
Estas dos semanas se han sentido como meses de una GRAN escuela. Tanto que se aprende cuando una se pone en situaciones que se salen por completo de lo que conoce.
Abrir el corazón es salir de la zona de confort. Por ahí Brené Brown dice que es ser valiente, porque sabes que hay una gran posibilidad de romperte el corazón y aun así lo eliges.
No cambiaría nada. Al contrario, volvería a vivir estas lecciones las veces que fueran necesarias hasta que se me graben en la cabeza.
Entonces cuando empecé a escribir esta carta no tenía nada más que una lista de lecciones que me he repetido constantemente y como no quiero que se me olviden, decidí escribirlas aquí. Hagan lo que quieran con ellas. Vívanlas a través de mi y solo lean a ver si hay algo que resuena:
Sentir mucho asusta.
Manejar las expectativas es siempre importante. He escrito varias cartas sobre esto, pero también me acuerdo de algo que me enseñaron en mi voluntariado con ballenas: no puedes prometer que van a pasar ciertas cosas, así que hay que aprender a manejar tus expectativas y las de los demás. Así, no importa el resultado, siempre es una agradable sorpresa. Cuando no esperas nada y dejas que lo que sea te sorprenda, lo más pequeño parece extraordinario y lo cotidiano se siente novedoso.
El ego y el orgullo te protegen, pero también te alejan de sentir amor. A veces hacen más daño del que ayudan, así que hay que aprender a silenciarlos más seguido.
La intensidad, en muchos lugares, es castigada, pero es lo único que me ha llevado tan lejos y a lugares donde jamás imaginé estar, así que hay que abrazarla.
Tomar riesgos implica saber controlar el pánico, aprender a moverte sigilosamente entre situaciones complejas.
No hay que tomar decisiones permanentes en estados emocionales temporales e intensos.
Nada malo puede surgir de lo que se hace con amor. NADA.

El miedo y la nostalgia no se llevan bien.
Ser un desastre por un rato está bien. Ya habrá tiempo para ordenar todas las ideas después.
Pensar en el final antes de que se acabe es sufrir el doble. Pero alguien me dijo que siempre habrá otra oportunidad: otro amor intenso, otra fiesta, otro viaje, otro concierto, otra comida. La vida se trata de coleccionar esos momentitos de felicidad, no de sufrir su final con anticipación.
Amor es consideración, y mi definición del amor ha cambiado mucho.
Las relaciones que cultivas con los años se quedan y son un reflejo de quién eres, del impacto que causaste.
Y esa es la lista gigantescamente aleatoria de lecciones que he aprendido por aquí. Así traigo la cabeza: completamente de cabeza. Pero ya habrá tiempo para acomodar todos estos sentimientos. Por ahora, lo que hay es vivir en el momento.

También ando con el corazón contento porque después de muchos años, volví a ver a varias amistades. Algunas personas de mi intercambio que hicieron el viaje hasta Ámsterdam solo para verme. Algunas otras amistades más lejanas que no dudaron en escribirme que estaban en Holanda y se hicieron el tiempo para visitar aunque fuera para tomar un cafecito. Así que me hace feliz, saber que hay personas que les interesa volver a verme, que nuestra conexión sobrevive los años y los cambios.
Qué bendición tener gente en el mundo que nos hace sentir acompañados y eso es algo que no me logró explicar pero siempre me pasa, nunca estoy completamente sola. A donde vaya siempre hay aunque sea una persona pendiente de mí no tan lejos y qué lindo es eso.
Nos leemos en la siguiente carta.
Con amor,
Ana Sofía.



















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