Reflexiones cumpleañeras: 27 años en esta aventura.
- Ana Sofía M.

- hace 16 minutos
- 3 min de lectura

Estoy a unas horas de mi cumpleaños. Voy a cumplir veintisiete años y, aunque sé que técnicamente no es un número alto comparado con todo lo que me falta por vivir (y que todo el mundo me ha dicho toda la vida que soy una bebé), no puedo evitar pensar que se siente muy extraño estar aquí. Tengo la edad que tenía la gente que yo veía muy grande y con todo resuelto, y yo todavía me siento medio perdida cuando se trata de ser una adulta responsable de sí misma.
Me acuerdo de dónde estaba y de cómo me sentía hace diez años. De quién me andaba enamorando a los diecisiete, del estrés de tener que graduarme sin saber bien qué quería estudiar. Para esta época creo que ya sabía que me iba a ir a Francia de niñera, aunque de esa parte no me acuerdo tanto. Mi papá todavía no vivía su accidente. Yo estoy segura de que bailaba y daba clases todas las semanas, y de esa versión mía que baila ya no queda mucho.
Y viendo todo lo bonito que he construido y que se ha construido para mí en estos años, no puedo dejar de pensar en lo maravillosa que ha sido la vida conmigo. Me siento muy orgullosa de todo lo que he hecho, vivido, amado y soltado. Siento que he exprimido la vida al máximo y que me he sorprendido a mí misma, siendo testigo de las recompensas que vienen con vivir intensamente.
No es que todo haya sido perfecto.
Hay personas que me hubiera ahorrado y otras que me gustaría que nunca se hubieran ido. Hay veces en que me fui demasiado temprano y me encantaría haberme quedado un ratito más. También hay lugares de donde me fui muy tarde y no supe irme más que siendo un volcán que arrasa con todo. Hay versiones de mí que me hubiera gustado que duraran unos meses más y hay otras que ojalá no vuelvan.

Hay tantos sueños que me he cumplido y muchos otros que ni sabía que tenía y que se me han hecho realidad. También hay otros que he aprendido a dejar ir.
Hay recuerdos tan bonitos que mi mente los bloquea por miedo a no volver a sentir eso. Pero luego me doy cuenta de que todo esto solo significa que puedo sentirlo una y mil veces más, aunque la nostalgia sea el precio de vivir una vida hermosa.
Todas las veces que me he enamorado, las aventuras de mis viajes, el amor con mis amistades, todo eso es mío, es mío, y nadie me lo puede quitar. Y eso se me hace lo más valioso de todo. Todos esos amores viven en mí, todos esos viajes y la gente que se me cruzó en el camino, esos recuerdos viven en mí. Vivir con y sin miedo es algo muy mío.
Así que solo puedo dar las gracias por estos años de aprender a navegar con curiosidad y con unas ganas locas de exprimir cada segundo. Estoy muy agradecida por estar viva.
Y solo quiero que con esta reflexión no se me olvide que en mí existe una gratitud, que siempre hay una capacidad de asombro y que se practica, que hay que valorar a la gente que nos rodea, que hay que apapachar y también aprender a apapacharnos. Que no hay relación más bonita que la que nutrimos con nosotras y nosotros mismos.
Para mí el cumpleaños es como mi año nuevo. Yo siento que vivo mi vida más en vueltas así que también este es un buen momento para acordarme que puedo volver a empezar, que puedo soltar, que puedo soñar más grande o que puedo agradecer por lo que ha pasado.
Gracias a quienes andan aquí por sus buenos deseos siempre y por leerme. Les regalo este año nuevo por si traen algo abandonado por ahí que quieran retomar.
Y si me quieren regalar algo suscríbanse aquí que es lo mejor que me pueden dar.
Con amor,
Ana Sofía




Comentarios