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  • Ana Sofía M.

Polaroids con escritos #1: Por si alguien más trae el corazón roto.




Decidí empezar esta nueva sección a la que por ahora le llamaré Polaroids con escritos (tal vez después llegue un mejor nombre). Esto será algo así como un escrito semanal, de cosas que he aprendido, he vivido o que he reflexionado. Todo como una excusa para volver a escribir y compartir por los procesos por los que estoy pasando.


Llevo semanas arrastrando un cansancio al que no le encontraba ninguna explicación. Me dormía y despertaba como si hubieran pasado 5 minutos y no 10 horas. En ciertos días, salirse de la cama ha requerido esfuerzos titánicos de mí. Las benditas responsabilidades de la vida adulta, de las que nos quejamos tanto, han sido las únicas que han logrado que no me quede a hibernar entre las sábanas.



Pensé que era el calor, una gripa pasajera, unos días del mes en los que las emociones no son sinceras, hasta que llegó a mí un texto que decía: "Síntomas fisiológicos de un corazón roto". Leí la explicación de cada cosa y toda esa teoría que, se supone que ya me sabía de memoria, me hizo darme cuenta de una cosa.


No era mi tiroides, la saturación de trabajo o cualquier otro invento que mi mente racional tenía como justificación para distraerme de lo emocional. Toda mi apatía, mi fatiga crónica, la presión en el pecho, la infección de garganta, la debilidad muscular y el insomnio, solo vinieron a recordarme que soy una humana que lleva meses negando que trae el corazón medio roto (o tal vez muy).


Fue hasta leí toda esa información que me entendí, que llevo semanas tratando de tapar vacíos con otras cosas. Que si viajando, huyendo, comiendo, saliendo. Cuando la realidad es que todo eso me ha mantenido distraída. No es que estas actividades hayan sido "malas" o que no debí de haberlas hecho, al contrario, me vinieron a enseñar que todo lo que quiero, lo puedo hacer sola sin esperar a que alguien venga conmigo. Que la única persona que tiene la responsabilidad de cumplir mis sueños, soy yo. Pero, también tengo que admitir que han sido las perfectas distracciones para no tener tiempo de sentarme con lo que siento y admitir todo lo que me ha dolido.


Lo importante de esta carta no es que me di cuenta de algo que era evidente, sino ¿qué hago con eso? Ahí es donde estoy atorada. ¿Cómo es que las personas pueden ser funcionales cuando traen el corazón roto? ¿Cómo va la gente por las calles sin llorar mientras caminan?


El otro día fui a mi clase de pesas. Una actividad que detesto pero que sé que le ha dado la fuerza a mi cuerpo que pensé que nunca tendría. Levantando peso, empecé a tener más que esforzarme porque no se me salieran las lágrimas, que para levantar 40 libras.


El corazón roto ha hecho que mi mente no se calle, que no logre poner atención. Siempre llevándome al pasado más que en el futuro, y rara vez dejándome estar en el presente.


Me levanto y no tengo ganas de escuchar. Antes me gustaba platicar, ahora me dan pereza las conversaciones. No tengo nada que decir, nada que aportar, nada a lo que quiera darle seguimiento. No me reconozco mucho en eso. No me gusta vivir en esta indiferencia pero en estos momentos tampoco tengo la energía para hacerlo de otra manera.


Mi vida se ha vuelto más estática. Trabajo desde mi computadora pero me la he vivido en mi casa. Haber salido de la universidad presencial, jodió un poco mi rutina, pero ese será el tema para otro escrito. Ya con más calma les contaré que es lo que ha venido con el fin de esa época que tanto había esperado.


Pero regresando a mi corazón roto, me ha costado encontrarme feliz en los mismos lugares que antes me regalaban alegría. Las dosis de mis personas vitamina pareciera que ya no causan ningún efecto. Nada me llena. Nada me sorprende pero tampoco me decepciona.


No quiero vivir así pero ya no tengo muchas ideas de qué más hacer.



Lo que sí he tratado es aprender a pasar tiempo en mi propia compañía. Todos los viernes me voy a un cafecito y trabajo desde ahí. Las "mesas para una" se han vuelto parte de mi cotidiano. En este momento me estoy tomando un café con miel y hielos mientras escribo esto. Lo estoy haciendo desde Brewsco junto con un toast de burrata con higos. Este sí me trajo un poquito de bienestar, algo chiquito por lo que puedo alegrarme.



Por si fuera poco, en mi camino me encontré este libro que terminé comprando por $35mxn. No sé que me quiere decir la vida, pero aunque sea con apatía, espero los mensajes.



La intención con este escrito no es deprimir a nadie, ni que piensen que mi vida es miserable, porque no lo es, pero tampoco voy a negar la realidad de lo que estoy sintiendo. Compartirlo y publicarlo es catártico. En un mundo donde siempre se nos obliga a mostrar nuestra mejor versión a través de una pantalla, no nos caería nada mal un poco de sentimientos sinceros. De esos que incomodan pero con los que nos identificamos.


Con esto me despido. Esperando encontrar más excusas en mi vida para seguir llenando esta secciones de Polaroids y escritos. Con palabras sinceras y no romantizadas de lo que son mis días.


Gracias por leerme.


Con cariño,

Ana Sofía


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